miércoles, 29 de enero de 2014

40 Cajones: la maldición viaja en barco.



Bram Stoker no inventó a los vampiros, que merodeaban desde hacía siglos en el folklore y la literatura. Tampoco concibió la personalidad de antihéroe romántico, que ya había sido impuesta por John Polidori en su novela “The Vampyre” (imaginada en la misma reunión de poetas y escritores que nos legó Frankenstein, pero esa es otra historia). El vampiro de Polidori llevaba casi un siglo de exitosas adaptaciones teatrales y Stoker, asistente personal del primer actor Henry Irving, decidió que otro chupasangre no le haría ningún daño a las tablas. Para nuestra fortuna, la idea se convirtió en algo mucho más complejo. Drácula (1897), la maravillosa novela que todos conocen y que casi nadie ha leído, es la historia de una invasión, perpetrada no por un ejército, sino por un ser espectral que lleva en sí mismo el potencial de crear sus propios, obedientes soldados. Está contada a través de anotaciones de diarios personales, artículos periodísticos y cartas. Precisamente es uno de esos documentos lo que utilizan Rodolfo Santullo (guión) y Jok (dibujos) como base argumental de 40 Cajones (56 páginas, 70 pesos).
Un día claro se vuelve noche bajo ominosas nubes de tormenta. Una goleta que se creía perdida avanza sin control hacia la costa de Whitby. La nave se llama Démeter como la Madre Tierra de la mitología griega. Y el nombre es apropiado, ya que en la bodega lleva cajones con tierra de Transilvania.
Al encallar, los funcionarios de la Aduana descubren el cadáver del capitán atado al timón, su mano aún aferrada a un rosario ¿Qué sucedió con el resto de la tripulación? ¿Puede la bitácora de a bordo develarlo?
Es notable la forma en que Santullo toma este texto de finales del siglo XIX y lo transforma en una historia con peso propio. El estilo de Jok, a medias entre el realismo y la caricatura, contribuye a que nos interesemos por los personajes y nos preocupe su destino final. La insospechada presencia del vampiro provoca pesadillas en el capitán, a través de las cuales reconocemos el origen de la nefasta carga: su castillo y las tres esposas que se regodeaban en la carne de niños.

Películas como Alien (1979) y Depredador (1987) han utilizado  la misma estructura que Stoker anticipó. Pero en 40 Cajones los protagonistas (a quienes Drácula ve solo como un medio de transporte y alimento para el largo viaje) arriesgan mucho más que la vida: se juegan el alma. La “salvación” adquiere así otro significado, que simbolizan un hombre clavado a una cruz y otro amarrado a la rueda de un timón.

40 Cajones – Rodolfo Santullo, Jok (Editorial Pictus) – Reseña publicada en Rolling Stone (Feb. 2013)

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