Bram Stoker no inventó a los vampiros, que merodeaban desde
hacía siglos en el folklore y la literatura. Tampoco concibió la personalidad de
antihéroe romántico, que ya había sido impuesta por John Polidori en su novela
“The Vampyre” (imaginada en la misma reunión de poetas y escritores que nos
legó Frankenstein, pero esa es otra historia). El vampiro de Polidori llevaba
casi un siglo de exitosas adaptaciones teatrales y Stoker, asistente personal
del primer actor Henry Irving, decidió que otro chupasangre no le haría ningún
daño a las tablas. Para nuestra fortuna, la idea se convirtió en algo mucho más
complejo. Drácula (1897), la maravillosa novela que todos conocen y que casi
nadie ha leído, es la historia de una invasión, perpetrada no por un ejército,
sino por un ser espectral que lleva en sí mismo el potencial de crear sus
propios, obedientes soldados. Está contada a través de anotaciones de diarios
personales, artículos periodísticos y cartas. Precisamente es uno de esos
documentos lo que utilizan Rodolfo Santullo (guión) y Jok (dibujos) como base
argumental de 40 Cajones (56 páginas, 70 pesos).
Un día claro se vuelve noche bajo ominosas nubes de
tormenta. Una goleta que se creía perdida avanza sin control hacia la costa de
Whitby. La nave se llama Démeter como la Madre Tierra de la mitología griega. Y
el nombre es apropiado, ya que en la bodega lleva cajones con tierra de
Transilvania.
Al encallar, los funcionarios de la Aduana descubren el
cadáver del capitán atado al timón, su mano aún aferrada a un rosario ¿Qué
sucedió con el resto de la tripulación? ¿Puede la bitácora de a bordo
develarlo?
Es notable la forma en que Santullo toma este texto de
finales del siglo XIX y lo transforma en una historia con peso propio. El
estilo de Jok, a medias entre el realismo y la caricatura, contribuye a que nos
interesemos por los personajes y nos preocupe su destino final. La insospechada
presencia del vampiro provoca pesadillas en el capitán, a través de las cuales
reconocemos el origen de la nefasta carga: su castillo y las tres esposas que
se regodeaban en la carne de niños.
Películas como Alien (1979) y Depredador (1987) han
utilizado la misma estructura que Stoker
anticipó. Pero en 40 Cajones los protagonistas (a quienes Drácula ve solo como
un medio de transporte y alimento para el largo viaje) arriesgan mucho más que
la vida: se juegan el alma. La “salvación” adquiere así otro significado, que simbolizan
un hombre clavado a una cruz y otro amarrado a la rueda de un timón.
40 Cajones – Rodolfo Santullo, Jok (Editorial Pictus) –
Reseña publicada en Rolling Stone (Feb. 2013)

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